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Hoy por hoy

Los presidentes en Panamá parecen vivir en una burbuja. Pareciera que no ven ni oyen ni sienten por sus propios sentidos, sino a través de los de su gente cercana, porque su realidad siempre está en conflicto con la nuestra. En reciente entrevista concedida a Telemetro, el actual gobernante dijo estar dispuesto a meter sus manos en el fuego por dos de sus más cercanos colaboradores: el ministro de Obras Públicas y su vicepresidente. Eso es garantizar –sin albergar duda alguna– que estas son personas honestas, honorables, intachables. Semejante acción es el equivalente –para ponerlo en sus propias palabras– a rifársela… y en grande. El gobernante, aunque dijo que no le pidió la renuncia al exprocurador Eduardo Ulloa, omitió deliberadamente las verdaderas razones del por qué se fue ni abordó el tema de la renuncia de la directora de la Senniaf, que no fue aceptada porque en la Presidencia de la República le redactaron otra. Aunque sus respuestas iban en una vía, la realidad va por otra: dice que no debe haber impunidad, pero sigue presente, y que no vino a hacer chanchullos, pero nombra a los que los hacen... y están en completa impunidad. Lo dicho: vive en una burbuja.