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Hoy por hoy

Leyes de corte populista es el último grito de moda en la Asamblea Nacional. Nuestros diputados siguen aprobando proyectos que son una clara intromisión en el mercado; es intervencionismo puro y duro, en el absurdo afán de ganar partidarios que les garanticen permanencia en sus puestos de elección popular. Leyes de control de precios en escuelas, intervención para imponer intereses bancarios o el costo de la mano de obra en los puertos empiezan a preocupar, con justificada razón, al sector privado, que protesta por la intervención injustificada de la Asamblea. Panamá, desde hace décadas, es un mercado libre que ha atraído a numerosos inversionistas. Pero ahora están cambiando las reglas, interviniendo en asuntos que el mercado siempre ha resuelto. ¿Qué sigue después? ¿El precio de las casas o el carro? ¿El costo de una habitación de hotel? ¿El margen de ganancia de los hospitales privados? ¿La entrada a los cines? ¿El precio del hojaldre y el almojábano? Estas leyes son perniciosas y ponen en peligro la libre empresa y la inversión privada. Pero nuestros diputados no entienden de leyes de mercado ni de libre oferta y demanda… Solo entienden lo elemental, de canjes o el “¿qué hay pa’ mi?”