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Hoy por hoy

En 1970, hace tan solo cincuenta años, en Estados Unidos el 80% de los encuestados decía estar en contra del matrimonio interracial. Tan solo el 20% denunciaba aquellas leyes que sancionaban con cárcel la unión civil entre una mujer blanca y un hombre de color. Semejante aberración no era más que el resultado de siglos acumulados de prejuicios, esos que alimenta la ignorancia, el odio, los mitos y la muy conveniente distorsión de algunos principios religiosos. La educación, el activismo y los medios de comunicación vencieron la ignorancia, al tanto que los jueces supieron poner la justicia en su lugar, borrando, poco a poco, las barreras erigidas por los grupos dominantes que en cada época se han empeñado en contra de los derechos de las mujeres, de las minorías raciales, de los minusválidos, de quienes tienen otra orientación sexual, o de quienes simplemente son distintos. La batalla por el reconocimiento de los derechos de las minorías nunca ha sido fácil. El racismo, la misoginia, la homofobia y la xenofobia son manchas de las sociedades porque nos lastran, nos abochornan y nos retrasan, pues impiden el objetivo vital, ese de construir una sociedad más justa, aquella en la que todos saldremos ganando.