Hoy por hoy

Cuando ha transcurrido algo más del 40% del actual período presidencial, el gobierno ha perdido toda credibilidad. La sociedad está dispuesta a creer cualquier cosa -sea esta verdad o mentira- en la que se presuma la corrupción de sus funcionarios. ¿Cuál es la razón? Es la permisividad, la complacencia, la indiferencia, y el juegavivo. Lo peor de todo es la impunidad. Como nada tiene consecuencias, la credibilidad del Presidente para abajo es casi nula. Las redes sociales alimentan ferozmente rumores, falsedades, engaños, y nadie cuestiona su legitimidad. Sencillamente, sirven para profundizar la percepción de que todo lo que se escribe contra los funcionarios es verdad. Y es que, no muy en el fondo, hay razones para creer que es así. ¿O es que acaso creen que su radical cambio del estilo de vida pasa inadvertido para la gente? Carros, casas y apartamentos, vestidos y joyas de costosas marcas; plata como nunca en el banco y, de la noche a la mañana, empresarios ocultos o visibles, directos o indirectos, con negocios en el Estado, sin que las autoridades de control si quiera pestañeen. Han cruzado la raya, y no hay retorno. Atrás quedaron la autoridad y el respeto. Así de sencilla es la cosa.

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