Ayer, en el acto en el que el Consejo Nacional de Periodismo renovó su presidencia, tras la salida de la periodista Sabrina Bacal al culminar su período y tomar posesión como su reemplazo Guillermo Antonio Adames, quedó plasmado la preocupación que existe en estos momentos en el entorno periodístico, no solo por las campañas de descrédito y las amenazas contra el periodismo independiente, sino por la creciente percepción de corrupción en el gobierno actual. Y estas no son cosas que deben tomarse a la ligera, pues todo ello tiene consecuencias dentro y fuera de nuestras fronteras, pues un clima de abierta hostilidad contra la libertad de expresión es el presagio de tiempos difíciles para el país y sus ciudadanos y, sin duda, con consecuencias para nuestra estabilidad política, económica y social. Ambos periodistas dejaron ver su preocupación por estos temas, que empiezan a tomar cuerpo, y que poco hacen gobierno y autoridades para evitar esta escalada de agresión verbal contra los medios y sus reporteros. Y es que, aquello que irrita tanto a los políticos es, precisamente, lo que entregan los medios independientes a los ciudadanos: los más vergonzosos secretos de la delincuencia política, que enquistada en puestos de poder se afana por el lucro fácil, sustraído, hurtado, espoliado de las arcas del Estado. De ahí los ataques, las amenazas, el acoso judicial, las mentiras. Pero el amedrentamiento poco logra en Panamá, pues lo único que ha conseguido es que haya más medios, que la gente se informe más y, sobre todo, que sean cada vez más los ciudadanos que increpan a sus gobernantes. Su fracaso es, de hecho, nuestro mayor triunfo.
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16 jun 2021 - 05:00 AM