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Hoy por hoy

Aún cuando faltan más de dos años y medio para las elecciones, ya hay movimiento electorero, al tiempo que fuerzas políticas se aseguran dinero de las arcas nacionales para su provecho personal y electoral. Por eso, precisamente, es necesario proscribir la reelección en el Código Electoral, aunque es una lucha perdida de antemano, pues estos diputados no harán caso a la voluntad popular y están dispuestos a llevar el país al caos, porque lo que poseen –incluyendo lo que obtienen debajo de la mesa– no es suficiente. Sabiendo eso, compran el voto de los electores, quienes, incapaces de ver la estafa –un voto por un jamón– hipotecan su futuro y el de su descendencia, condenándose a sí mismos a ser dependientes de migajas, cuando su voto es la llave que los libera de sus amos políticos. Sufrimos –hay que decirlo con claridad– un régimen parlamentario en el que un par de sinvergüenzas son los que mandan en este país, torciendo leyes para poder sobrevivir a su propio desastre, y para ello necesitan comprar conciencias que, desgraciadamente, se consiguen baratas. O los panameños despiertan y exigen respeto o verán su porvenir tirado a la basura a cambio de un trozo de cerdo.