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Hoy por hoy

La educación en Panamá está entre las peores del mundo. El Estado destina cientos de millones de dólares a la educación, pero el país está lleno de ignorantes funcionales, listos para elegir a sus gobernantes haciendo uso del criterio de un vasallo y no el de un ciudadano. Los ministros de Educación de los últimos años no han hecho más que cometer errores, si es que se le puede llamar así, porque es inconcebible que se haya invertido tanto y tengamos resultados que no llegan ni a mediocres, sino a perversos. De qué sirve regalar becas, mochilas, computadoras y útiles escolares si nuestros estudiantes malamente pueden leer y mucho menos comprende lo que leen. Y encima de todo, nos dimos el tupé de salirnos de las pruebas internacionales que miden conocimientos, para volver y darnos cuenta de que la situación, lejos de mejorar, ha empeorado notablemente. Es así como los políticos quieren el pueblo: ignorante, para que no se queje, para que no exija rendición de cuentas, para que no esté informado, para elegir a rufianes que, en pago por el voto, le arrojan migajas, como los diputados en Navidad o la Lotería Nacional, a sus billeteros. Tanta riqueza... y nunca hemos sido tan pobres e ignorantes.