Hoy celebramos el natalicio de Rubén Darío Chinchorro Carles, ciudadano y persona ejemplar, que supo destacar en cada emprendimiento de su vida. Su éxito no se puede medir en lo que acumuló en el banco, sino en una vida plena y al servicio de su patria. Es, precisamente, esta faceta la más recordada de él. Su vocación por el servicio público debería ser ejemplo para los funcionarios de hoy, quienes, en la mayoría de los casos, carecen de esa mística que hizo brillar a Carles, un ser humano que, al igual que todos, tuvo defectos y virtudes, aciertos y errores, pero, sobre todo, fue una persona de bien. Convendría a nuestros altos funcionarios echar un vistazo a su trayectoria pública para entender que servir al país no es sinónimo de llenarse los bolsillos o de abusar del cargo ni, de ningún modo, derrochar el dinero de los panameños. Si fueran la mitad de buenos los funcionarios de hoy, no tendríamos tantos problemas; la corrupción fuera mínima y este país, rico en recursos y personas, sería mucho mejor de lo que es hoy, arrodillado ante la corrupción. Aunque no habrá dos Chinchorro Carles, su conducta honesta y su buen ejemplo es la base de un nuevo y mejor Panamá.
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13 dic 2021 - 05:02 AM
