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Hoy por hoy

El festín que organizó el Gobierno para la clausura del Pacto del Bicentenario es un ejemplo de que lo que hace con las manos, se puede destruir con los pies. Es increíble que el funcionario que contrató de manera directa el gaudeamus le haya parecido razonable gastarse casi $200 mil en eso, cuando el Gobierno debe recurrir al crédito para terminar el año, pues sus abultados gastos son mayores que sus ingresos. Pero lo peor es la ironía: el lema del pacto es “cerrando brechas”, pero son este tipo de actos insensibles los que hacen que las brechas se profundicen y amplíen. Buena parte de las propuestas presentadas en el pacto tienen que ver, precisamente, con proyectos que pueden financiarse con ese dinero, pero pesa más disfrutar de un salmón con queso crema, quesos y aceitunas. Si le sumamos los más de $900 mil en pauta publicitaria contratada igualmente de forma directa en diciembre de 2020 para publicitar el pacto, tenemos la fórmula para convertir una buena acción en excusa para gastar dinero a manos llenas. Es una vergüenza que mientras muchos hoy cenarán arroz con fiambre, esos pocos que prometen mejorar sus condiciones de vida deleitan sus paladares con viandas y comidas importadas.