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Hoy por hoy

La voracidad de alcaldes y representantes sigue sorprendiendo. Además de la grosería que son sus ingresos –inmerecidos respecto a sus responsabilidades– se suma el pago de licencias con sueldo durante cinco años. O sea, que se le paga más que a un magistrado de la Corte por un trabajo que, si acaso, llega a mediocre, y también por otro en el que no hacen nada. Es la institucionalización de la sinvergüenzura. Conociendo sus ingresos actuales: sueldo, dietas, gastos de representación y movilización y ahora la licencia pagada, un alcalde o representante puede ponerse más de $15 mil al mes, más del doble de lo que gana el Presidente de la República. Responder por esos abusos debe ser difícil para el contralor, pues sus amigos diputados, después de dos semanas desde que prometieron citarlo al pleno, aún no lo han hecho. Entonces, seguiremos sin saber cómo es que después de dos años en el cargo, el contralor es el invitado de piedra en la fiesta del despilfarro. A esa misma fiesta y en la misma condición está su cómplice: el presidente de la República, que guarda silencio –cruzado de brazos– tras haber autorizado fondos de la Descentralización para enfrentar la pandemia, y no para que estos pillos salgan millonarios del gobierno.