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Hoy por hoy

Como era de esperarse, el acusado estrella del caso New Business no acudió a la audiencia de ayer, alegando, como siempre, una incapacidad médica que ya nadie le cree, pues se ha encargado de divulgar él mismo cómo se divierte. En cuanto escucha las palabras “juicio” o “audiencia”, repentinamente enferma o se somete a cirugías. Las autoridades judiciales deberían –a estas alturas– ser menos indulgentes con quien se burla abiertamente de ellas y de las víctimas, en este caso, el Estado panameño. Además, para ser un sujeto que dice no temer a la justicia y que grita su inocencia de los cargos en su contra, hace todo lo posible para que las audiencias donde puede demostrar lo que afirma, no se lleven a cabo. Ayer mismo se aferró una vez más a un principio de especialidad que ya no le es aplicable. También sigue aferrado a fueros electorales, amparos y otros tecnicismos, para impedir que se lleve a cabo la audiencia sobre la sospechosa compra de un grupo editorial, presuntamente con fondos públicos. También se le acabaron los argumentos de la manipulación de la justicia, pues ha sido liberado de cargos en dos ocasiones. Entonces, si la justicia ha sido “imparcial” con él, ¿a qué le teme?