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Hoy por hoy

Una vez más, quedan en la impunidad delitos que afectaron la reputación de personas que se vieron afectadas por la maleantería que todavía reina en la Asamblea Nacional. La Corte Suprema de Justicia se negó a admitir una denuncia que hizo una ciudadana que, sin su consentimiento, su nombre apareció en las planillas fantasmas del Órgano Legislativo, pero los salarios eran cobrados por terceros sin prestar ningún servicio. Si el diputado señalado no ocupara un cargo político, seguramente los hechos habrían sido, al menos, investigados para dar con los culpables, pero comprobamos –como siempre– que impera la impunidad cuando se trata de la casta política. A estos casos se suman otros, pues hay varias denuncias –presentadas por el antiguo contralor– que esperan investigaciones, tanto de la Corte como de la justicia ordinaria, dado que varios diputados perdieron el cargo en los comicios pasados. Se trata de hechos escandalosos, como peculado, pero nada camina, todo queda en el limbo. ¿Cómo espera la Corte que la sociedad crea en los cambios que impulsa cuando sus sentencias dicen que nada cambiará? Si quieren credibilidad, no pueden destruir con los pies lo que tratan de hacer con las manos.