En Panamá cuesta un mundo dar un paso hacia adelante cuando se trata de proteger nuestro patrimonio natural, pero si es para destruirlo –con la excusa del progreso y supuestas plazas de trabajo– el Gobierno corre precipitado a hacerlo. Uno de los grandes atractivos turísticos de Panamá son las aves locales y migratorias. Costa Rica ha logrado apalancar una parte de su turismo en este renglón, y de ello saca un provecho que se cuenta por millones de dólares. En cambio, una de las zonas preferidas de millones de aves migratorias –los humedales de la Bahía de Panamá, declarados áreas protegidas desde hace unos siete años– sigue bajo una tremenda presión. Su zona de amortiguamiento es asediada con la tala de manglares, extracción de arena, incluso, por proyectos urbanos. Un plan de manejo ambiental de esta zonas –que incluye áreas protegidas en Panamá, Chepo y Chimán– debió haber estado listo hace cinco años, pero no es hasta reciente fecha que se llevó a cabo el proceso de contratación para elaborar el mencionado plan. Panamá necesita ser más consistente en sus planes de desarrollo y, ciertamente, este rumbo errático no ayuda a definir nuestra economía ni a conseguir objetivos ni metas.
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02 feb 2022 - 05:21 AM
