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Hoy por hoy

De la guerra que le declaró Rusia a Ucrania hay lecciones que aprender, incluso imitar. La primera es que, independientemente de lo que hayan sido los líderes políticos y civiles ucranianos, ahora son parte de las faenas de defensa del país; no han huido, como vimos aquí en Panamá décadas atrás. Del presidente para abajo, miles de ucranianos enfrentan a uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Fuera de las fronteras de Ucrania, también ha habido una movilización sin precedentes y de tal magnitud, que algunos han calificado una de las sanciones contra Rusia como la “bomba nuclear económica”, que prácticamente aislaría a ese país del mundo económico, impidiéndole potencialmente hacer transacciones bancarias de todo tipo. Ello sin contar las protestas en varias capitales y ciudades del mundo, incluidas las de rusos en Moscú, pidiendo el fin inmediato de la guerra. Las severas sanciones contra Rusia contrastan con las tibias aproximaciones de castigo a países donde se libran luchas intestinas desiguales, como en Venezuela y Nicaragua. Panamá y casi todos los países del continente vemos con indiferencia lo que pasa con los pueblos de esas naciones, que a diario son víctimas de violaciones de todo tipo.