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Hoy por hoy

Después de lo que hemos escuchado en la audiencia preliminar por las compensaciones irregulares pagadas a los dueños de los ‘diablos rojos’, queda claro que en este país es muy fácil hacerse rico, a costa del Estado, deshonestamente y, probablemente, sin recibir castigo alguno (al menos por un largo tiempo). Hasta ahora, las modalidades más populares para esquilmar al erario, aunque descaradas, tenían cierta sutileza: contratos llave en mano, sobreprecios, adendas, subsidios, planillas, doble salarios, viáticos, consultorías… en fin, el círculo vicioso en el que giran todas las administraciones gubernamentales. Pero en la audiencia de esta semana en la Arena Roberto Durán, se ha revelado una estructura criminal enquistada y ejecutada desde lo interno de instancias gubernamentales para que, con el visto bueno de Contraloría, numerosos particulares cobraran varias veces por la entrega de un mismo bien y hasta terminaran llevándose algo que ya pertenecía al Estado, para seguir lucrando con él. Con la sustracción de cosas tan grandes como un autobús, el país ha dado un nuevo sentido a la frase “de mano en mano, se perdió un elefante”.