El sorpresivo nombramiento del obispo de David José Luis Lacunza como cardenal por parte del papa Francisco constituye una noticia, más allá de luces y calificativos, simplemente extraordinaria, no solo por el tributo a la valiosa trayectoria y compromiso de Lacunza, sino también por el reconocimiento a la madurez de la Iglesia católica panameña, tanto a su jerarquía como a sus feligreses. Es necesario ponderar el acompañamiento a su feligresía que a lo largo de la historia esta Iglesia ha mostrado, incluso con grandes sacrificios como los de Héctor Gallego y Nicolás Van Kleef, y el trabajo anónimo de monjas y párrocos que desde las áreas más remotas del país le llevan esperanza a los que menos tienen. Son ellos la voz de aquellos que carecen de esta, y usualmente no son escuchados por los poderosos. Diplomática y políticamente, la creación de este cargo cardenalicio acompaña a Panamá en el futuro, y servirá para generar nuevos canales de comunicación entre el Vaticano y el Estado panameño. Esperamos que para bien de los dos y, sobre todo, de un pueblo ávido de guía moral y espiritual.
hoyporhoy
05 ene 2015 - 05:54 AM