La gran mayoría de los panameños carece de conciencia acerca de la existencia del derecho a la intimidad y la privacidad de sus comunicaciones. Este es el obvio resultado de 21 años de dictadura y 25 años de una débil democracia. Autoridades y empresas han violado, en mayor o menor medida, los derechos humanos de los ciudadanos, obteniendo beneficios personales, políticos y económicos de ello. Ahora, con los casos sobre el espionaje telefónico y de otros medios de telecomunicaciones, y la misteriosa desaparición de los equipos israelíes con los cuales se hacían las interceptaciones, la población tiene la oportunidad de exigirle a la clase política que, de una vez por todas, lo más privado e íntimo de parejas, familias, empresas, partidos políticos y organizaciones civiles, sea respetado y reconocido como un bien sagrado. La medida de la grandeza de un gobierno no es el poderío que ejerce, sino los derechos humanos de los ciudadanos que respeta.
hoyporhoy
13 ene 2015 - 08:04 AM