Por cuenta de un sistema de justicia que apenas estrenamos, la truculenta gestión de abogados que hacen pasar dromedarios por cisnes, médicos que se prestan a componendas ridículas sin sonrojarse y un funcionario del más alto tribunal que reconoce delitos vergonzosos, de los que ahora parece quererse escurrir, a los panameños nos están tomando el pelo. Se teje subrepticiamente un entramado que puede llevarnos a la mascarada más macabra que haya sido montada ante nuestras narices en la historia de Panamá, que registra no pocas, que digamos. Cuando parecía que nos encaminábamos a recuperar algo de cordura en este país maltrecho y a lograr cierta madurez institucional, debajo de las piedras reaparece el monstruo endémico del juega vivo para recordarnos que por comodidad, por omisión y por complacencia siempre hemos permitido que los sinvergüenzas terminen por imponer la ley de la impunidad y que los delincuentes de cuello blanco disfruten sus riquezas con la desfachatez de los cínicos perpetuos. Pero los que sean, están jugando con la paciencia de las personas honestas. Un consejo: no las pongan más a prueba.
hoyporhoy
05 mar 2015 - 06:56 AM