A mediados del siglo pasado, la ciudad de Panamá solía ser una urbe con servicios de agua potable, transporte público y recolección de basura que funcionaban bastante bien. Lo que ocurrió después, resultó en una hecatombe del espacio capitalino que fue acribillado por funcionarios, promotores y constructores inescrupulosos, que con muy poco respeto a la línea de construcción, a los espacios verdes, o a la identidad y bienestar de las comunidades, fueron estableciendo rascacielos por aquí, centros comerciales por allá, y urbanizaciones cerradas más acá. El Casco Antiguo no fue ajeno a semejante catástrofe. El reciente fallo de la Corte Suprema sobre el P.H. Plaza Independencia es prueba fehaciente de cuánta ilegalidad se cometió en este proyecto. Los esfuerzos para restablecer el respeto a la ley e implementar el ordenamiento territorial necesario para preservar nuestro futuro urbanístico son plausibles. Enhorabuena.
hoyporhoy
27 may 2015 - 07:18 AM