Honrar, honra. Ricardo Arias Calderón pudo haber tomado cualquier camino para su vida profesional y personal, y seguramente habría sido muy exitoso en cualquier emprendimiento que hubiese escogido. En su lugar, profesó la vocación y el servicio público como una misión de vida. Aparte de haber sido uno de los más notables catedráticos de la Universidad de Panamá, fue la figura líder de la Democracia Cristiana panameña y auténtico vocero de la oposición democrática durante la dictadura militar, después de la cual fue primer vicepresidente de la República, y como ministro de Gobierno se encargó de desmilitarizar al país. En La Prensa debemos reconocerle como uno de nuestros fundadores y más preclaros columnistas. Tanto para sus seguidores como para sus adversarios, Ricardo Arias Calderón representó un abnegado ideólogo y maestro del debate político. Antepuso el bien común y los intereses de la Patria por encima de cualquier beneficio personal. Es justo condecorar con el más alto honor a un hombre que por su decencia y convicción pertenece a una estirpe de gigantes, cuya vida es digna de imitar.
hoyporhoy
24 jun 2015 - 01:21 A M
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