El Estado griego vivió históricamente más allá de sus posibilidades, aceptando un alto grado de corrupción e informalidad de su economía. Esto lo sabían tanto los bancos, como los gobiernos en la zona euro, pero no les importó prestarle a manos llenas. El dilema que enfrenta a Bruselas con Atenas es muy simple: Grecia no está en capacidad de pagarle a sus acreedores, y las medidas de austeridad, combinadas con los altos impuestos aplicados, han provocado una severa contracción económica, y el empobrecimiento de la población. Ahora, Europa se debate en si expulsa a uno de sus miembros por incapacidad de pago, o si se le refinancia y, en forma razonable, se reflota su economía. El sueño de una Europa para la paz no puede ser víctima de la conveniencia de Berlín y de París. Nuestra región no escapa a este dilema. Aunque no está solo, Puerto Rico es un buen recordatorio. Solo queda esperar que América Latina entienda que la mesura en el gasto público y la transparencia en la economía son el antídoto contra todas las crisis. Sea en Atenas o en Caracas, las malas decisiones políticas siempre las paga el pueblo.
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07 jul 2015 - 01:12 A M
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