Las prácticas de clientelismo político adoptadas por los gobernantes de turno reflejan la grave distorsión de las estructuras sociales, políticas y económicas a la que es sometida nuestra nación. Panamá lleva décadas sufriendo quinquenio tras quinquenio la misma desilusión, muestra de ello es la asignación de 2.3 millones de dólares a la partida discrecional que maneja el presidente Juan Carlos Varela, a tan solo 30 días de finalizar el año. La explicación obvia es que la utilización de esos fondos públicos serán precisamente para cumplir con el típico populismo político que tanto daño le ha hecho a nuestra sociedad. Señor Presidente, el clientelismo no es, ni será jamás, la solución para acabar con la pobreza y el desempleo. Panamá merece un gobierno en el que el intercambio de favores no sea lo que determine en manos de quién estarán las riendas del país. El uso de la chequera que ampara la corrupción recibió el repudio generalizado de una población que dijo alto y claro ¡basta ya! Por lo visto, no quedó claro.
hoyporhoy
30 nov 2015 - 05:49 AM