La intensificación de las enfermedades transmitidas por vectores como los mosquitos y garrapatas era parte de los modelos predictivos de los efectos del cambio climático desde hace más de 20 años. El mundo no hizo caso. El virus del zika se ha convertido en una amenaza perversa que castiga sin piedad a las mujeres embarazadas de las comunidades más pobres y vulnerables, con el terrible riesgo de dar a luz bebés con microcefalia, condenándolos a una vida de extremo sufrimiento. La Organización Mundial de la Salud ha advertido de la inminente expansión del virus por casi todo el continente. En Colombia, de los 20 mil casos, aproximadamente 2 mil son de mujeres embarazadas; en El Salvador el Gobierno le ha pedido a las mujeres que posterguen los embarazos por dos años; mientras que en Brasil diversas organizaciones de la sociedad civil están pidiendo a sus legisladores que legalicen el aborto en caso del zika. En Panamá, el Ministerio de Salud aún no ha dotado de los recursos necesarios al histórico Servicio Nacional de Erradicación de la Malaria y tanto gobernantes y diputados de las últimas décadas han impedido que las ciudadanas panameñas tengan acceso a métodos responsables de planificación familiar. ¿Acaso estamos esperando perder la próxima generación por la desidia y la negligencia de los políticos? Es hora de que los funcionarios entiendan que su principal prioridad debe ser la salud pública. Es deber de todos los ciudadanos recordárselo y exigir acción inmediata.
hoyporhoy
31 ene 2016 - 05:05 AM