Erasmo de Rotterdam afirmó que: “La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa”. Esa es la paradoja que enfrenta Colombia. Desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, decenas de miles de colombianos han perecido en una lucha fratricida, que parecía ser interminable. Las negociaciones de paz en el vecino país son esenciales para la estabilidad de la región, y constituyen la mejor oportunidad para que América Latina derrote al narcotráfico y reduzca su gasto militar. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) deben entender que su comportamiento raya en ligereza y arriesga lo que costó tanto en la mesa de negociaciones en La Habana. Este momento será recordado por las decisiones que se tomen. Para Panamá, existen beneficios reales de una frontera pacífica que nos permitan desarmar al Darién y reasignar los recursos de seguridad para combatir la delincuencia común. El presidente Juan Manuel Santos tiene que acopiar la mayor serenidad y calmar las cabezas calientes de todos los bandos, para conseguir la paz posible, imperfecta e incómoda, pero infinitamente mejor que la guerra.
hoyporhoy
20 feb 2016 - 05:01 AM