La justicia brasileña ha condenado a 19 años y 4 meses a Marcelo Odebrecht, quien junto con otros altos ejecutivos de su empresa fue encarcelado por los delitos de corrupción y lavado de dinero. Brasil ha demostrado que la separación de poderes funciona y que tienen la institucionalidad capaz de enjuiciar a los más ricos y poderosos sin titubear. Las consecuencias de esta sentencia se sienten en todos los rincones del mundo: desde Angola hasta Suiza y, desde Argentina hasta Estados Unidos. Cada país avanzará en sus pesquisas, lo que posiblemente llevará a más condenas, multas, sanciones administrativas y demandas civiles. En el mundo de la realidad alternativa, en la que viven los políticos panameños, lo ocurrido en Brasil no nos afecta para nada. Se insiste en la fantasía de que el mayor contratista del Estado es un socio de negocios honesto e impoluto. ¿Se mantendrán intactos sus respaldos financieros, fianzas y seguros? Es tiempo que la Contraloría General de la República complete las auditorías de todos los proyectos que esta empresa ha realizado en Panamá. Ya no se puede tapar el sol con un dedo, ni encubrir la crisis de Odebrecht con una frase.
hoyporhoy
09 mar 2016 - 06:17 AM