El gobierno del llamado “socialismo del siglo XXI” de Rafael Correa en Ecuador empieza su último año con un balance negativo. No cabe duda que en materia de educación y de salud, los dos flancos más débiles de las democracias latinoamericanas, el Gobierno de Ecuador tuvo importantes avances. Sin embargo, el aumento del endeudamiento, los numerosos conflictos con campesinos e indígenas para favorecer la intensificación del extractivismo, y la disminución desmesurada de las libertades públicas, en particular las libertades de expresión e información, colocan al régimen de Correa en la escala más alta del autoritarismo latinoamericano. Como era de esperarse, la autonomía del poder judicial y del poder legislativo son inexistentes, y las decisiones significativas de estos órganos del Estado son tomadas por el poder ejecutivo en forma abierta y descarada. El legado de Correa es el de un país dividido, institucionalmente débil, y socialmente cargado de necesidades postergadas por la incapacidad de su gobierno de dialogar con todos los sectores. El socialismo del siglo XXI terminó pareciéndose al caudillismo del siglo XIX.
hoyporhoy
27 mar 2016 - 05:09 AM