La Universidad de Panamá (UP) debería beneficiar a toda la sociedad con su oferta educativa, investigativa y de extensión. En cambio, después de 19 años de gobierno unipersonal la Casa de Méndez Pereira, no solo ha disminuido la población estudiantil, de casi 76 mil en el año 2001, a unos 50 mil en la actualidad, sino que también su valiosísimo patrimonio de tierras se ha reducido por desidia y por transacciones de cuestionable beneficio para la institución. En una época dorada, los panameños creyeron y confiaron tanto en la Universidad que ciudadanos y gobiernos por igual le donaron tierras con la esperanza de fortalecer su capacidad de brindarle instrucción a todos los hijos de esta patria. La UP se enfrenta a un horizonte incierto y nublado por el oportunismo académico de quienes deberían defenderla, y por la indiferencia de múltiples instituciones y autoridades que debieron evitar la barbarie administrativa. Ese sistema de complicidades debe acabarse para que volvamos a tener la casa de estudios que realmente nos lleve hacia la luz.
hoyporhoy
10 may 2016 - 07:08 AM