A las 10:00 p.m. del 9 de junio de 1971, el padre Jesús Héctor Gallego Herrera fue secuestrado y desaparecido, sin pista alguna de su destino final ni del lugar donde reposan sus restos. Las gestiones truncadas de la Comisión de la Verdad, y en menor grado, del Ministerio Público, demuestran el poco compromiso que el país ha tenido con la justicia a los desaparecidos. Poco a poco, mueren los testigos, se pierden los documentos y se olvidan las historias y relatos de lo ocurrido en uno de los tiempos más tenebrosos de la República. A los familiares, amigos y conocidos del padre Héctor Gallego, el Estado los ha tratado con desidia y desdén, manifestando una total ausencia de compromiso con la búsqueda de la verdad. Panamá no puede cerrar este capítulo de su historia sin aclarar cada una de las desapariciones ocurridas, y que todavía permanecen impunes. “Es por esto que les digo, que si desaparezco no me busquen, sino que sigan la lucha...”. Este fue parte del mensaje que el padre Gallego les dejó a los campesinos de Santa Fe de Veraguas. Su trabajo, sus propuestas y su vida son hoy más valiosas que nunca. Prohibido olvidar.
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10 jun 2016 - 05:01 AM