“Poderoso caballero es don dinero”, y “frágil doncella, es doña probidad”. La desfachatez de la corrupción ha alcanzado niveles impensables. Un alcalde es investigado por emplanillar en el municipio que debe dirigir con recelo y frugalidad a toda la plantilla del equipo profesional de fútbol que él mismo preside. Aquí no se trata de desconocer el valor del deporte y de los atletas, sino de aceptar que los intereses particulares y las actividades comerciales del funcionario, no tienen cabida en el buen manejo de la cosa pública. Mientras tanto, en Argentina, a una monja suplicante se le practica una indagatoria por su aparente complicidad en esconder el botín de un político corrupto, participante de los gobiernos de los esposos Kirchner. Es verdaderamente abrumador lo bajo que ha caído la auténtica moral de la sociedad, que se mide no en lo que decimos creer, sino, por el contrario, en lo que hacemos cuando pensamos que nadie nos ve. La luz del sol es siempre la mejor cura para la gran enfermedad de nuestros tiempos modernos. De allí que siempre es preferible que haya más transparencia y libertad de información, que secretos y opacidad.
hoyporhoy
14 jul 2016 - 04:57 AM