Las enfermedades crónicas no transmisibles son el flagelo responsable de la mitad de las defunciones en Panamá. La diabetes, la hipertensión y la obesidad castigan sin piedad a la población, en particular la más pobre, ya que los estilos de vida saludables conformados por una dieta sana, actividad física adecuada, y acceso a servicios de salud de calidad, no son comunes para la mayoría de nuestra población. En Panamá, 61.5% de las personas mayores de 18 años son obesas. Esto no es un resultado casual, sino el producto acumulado de décadas de malos hábitos alimenticios, la carencia de áreas verdes y aceras seguras donde la población pueda ejercitarse, y de la elevada ingesta de alcohol que, sumada al consumo de tabaco, complican las opciones de vida a los panameños. La creación de una canasta básica alimentaria saludable que junto con programas que combatan el sedentarismo y el diagnóstico temprano, para proveer de tratamientos efectivos contra la diabetes y la hipertensión, son apenas las soluciones más obvias que el Estado puede emprender. Esto es más rentable y humano que seguir construyendo hospitales sin equipo ni personal suficiente.
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29 nov 2016 - 12:56 A M
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