El Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos finalmente aprobó la activación de los mecanismos de la Carta Democrática para aplicarlos a Venezuela. Después de años de una torpe puesta en escena, que a veces parecía comedia y otras más una tragedia, los falsos arranques de negociaciones y diálogos han dado paso a la confrontación ética más importante para los regímenes democráticos del hemisferio. Siempre hubo un pero, algún obstáculo diplomático que escondía una lealtad utilitaria hacia Caracas, y que impedía atender correctamente la crisis humanitaria y política que vive la república bolivariana. Ahora, el secretario general, Luis Almagro, y el Consejo Permanente tienen las herramientas para que, con la convicción de la razón, se libere a los presos políticos, se restablezcan las libertades públicas, se habilite un corredor humanitario para llevarle medicinas y alimentos al mancillado pueblo venezolano y se implemente un cronograma de elecciones para resolver la crisis. No será fácil, pero es el mejor camino que nos queda por recorrer, para que pacíficamente Venezuela pueda ser una sola.