Un informe de la consultora McKinsey & Company detalla el impacto y costo de la transformación económica necesaria para alcanzar la neutralidad de carbono al 2050.
“Las acciones individuales de cada empresa y de los gobiernos, junto con el apoyo coordinado para aquellos sectores, países y comunidades más vulnerables, podrían facilitar los cambios económicos y sociales necesarios”, señaló Mekala Krishnan, socia del McKinsey Global Institute y autor principal del informe.
Tomando en cuenta que esta transición será en todos los sectores económicos, y a nivel global, la empresa calcula que el gasto de capital en activos físicos ascendería a unos $275 millones de millones (trillion en inglés) hasta 2050, en promedio $9.2 millones de millones al año; y además implica un aumento de $3.5 millones de millones con respecto al gasto anual actual, a medida que se reduzcan las actividades de altas emisiones.
“Hoy el 65% del gasto en energía y suelo se destina a actividades o productos intensivos en emisiones. En el futuro, el 70% se destinará a productos de bajas emisiones y a infraestructuras de soporte, invirtiendo la tendencia actual”.
Otro de los impactos será en el mercado laboral. “Es posible que sea necesaria una amplia transformación del mercado laboral. Se crearían 200 millones de puestos de trabajo directos e indirectos de aquí al 2050”.
Para Panamá hay muchas oportunidades y también desafíos. Julio Giraut, socio líder de la oficina de McKinsey en Panamá, sostiene que parte de las oportunidades están relacionadas con la iniciativa de la creación de un hub de hidrógeno verde en el país y también por los planes de incrementar la movilidad eléctrica comenzando por la ruta para vehículos eléctricos de 900 kilómetros que conectará a San José, Costa Rica y Panamá.
“Panamá puede jugar un rol central en la descarbonización del transporte marítimo global a través del Canal, habilitando oportunidades de desarrollo de las cadenas de valor sostenibles y de alto valor, incluyendo servicios”, resalta Giraut.
A su vez, advierte que parte de los retos radican en el impacto que puede tener el cambio climático por lo que es fundamental diversificar la economía y buscar garantizar las fuentes hídricas.
“El impacto del cambio climático y los cambios de patrones de las lluvias pueden generar estrés adicional sobre fuentes hídricas con alta importancia para la generación eléctrica sostenible”.
Retos regionales
La transición para lograr la descarbonización puede ser más costosa para los países en desarrollo y se calcula en alrededor de un 9% superior al resto de las economías. “En América Latina, la inversión en iniciativas de transición para la agricultura podría llegar a incrementarse un 50% hacia 2050, principalmente en cultivos bajos en carbono, medidas de mitigación de emisiones y reforestación”, indica el informe de Mckinsey.
También surgen oportunidades, pues muchos países de la región cuentan ya con experiencia o están trabajando en ampliar la capacidad de generación proveniente de fuentes renovables. “El desafío estará en acelerar la descarbonización de sus matrices energéticas para cumplir con los compromisos de neutralidad de carbono”.

