‘Haciertos’ de ortografía

Sería mucho más fácil si no existiera la ortografía. En la frase anterior no necesitaríamos saber que sería va con tilde; que más también la lleva; que fácil es una palabra grave y, al no terminar en n, s o vocal, debe tildarse; hay que saber que aunque el sonido de su segunda sílaba es igual al de asilo, en fácil ese mismo fonema se escribe con c y no con s; que el si de nuestra frase no lleva tilde; que en este caso no deben unirse las palabras si y no, aunque otras veces vayan juntas; que el sonido de la primera consonante de existiera es igual al de la primera de occidente, pero debe escribirse con x, y que horticultura es con hache, pero ortografía no. La palabra carga acento gráfico en la penúltima letra, aunque otras de terminación semejante no lo llevan en español.

En nueve palabras, como vemos, hay ocho trampas. La ortografía está más presente en el idioma de lo que cualquiera podría pensar. Y ninguna de estas reglas es indispensable, ni se garantiza su inmovilidad; son un acuerdo entre los que hablamos español.

Podría ser diferente. El inglés no usa tildes. Y el italiano, que es hermano del español e hijo del latín, escribe orticultura sin hache, como lo escribían los antiguos romanos. De modo, pues, que la frase bien podría escribirse así: “Seria mucho mas fasil sino eccistiera la ortografia”.

Parece un chiste, pero hay quienes proponen simplificaciones aún mayores, como eliminar la v y que todo se escriba con b o desaparecer la hache, que de todos modos es muda.

El primer problema que tendríamos es el de la escritura idéntica de palabras con sentidos distintos. No es lo mismo seria (adjetivo) que sería (conjugación verbal); si (condicional) que sí (afirmación); más (adverbio) y mas (conjunción adversativa); si no (hipotético + negación) que sino (conjunción), e incluso que sino (sustantivo: destino).

El segundo sería el despiste de ver palabras de la misma familia escritas con distintos signos. Si existencia lleva x, lo normal es que la lleven también existir y sus conjugaciones.

En tercer lugar, porque la existencia de normas comunes a todos los hispanohablantes es uno de los factores que impiden la disgregación y división del idioma en parcelas atómicas. Es verdad que para un latinoamericano es igual la pronunciación de caza que de casa, y es verdad que al perderse el ceceo en el 85% de los hispanohablantes se perdió una manera interesante de marcar diferencias entre palabras homófonas. Si se permitiera que unos escriban caseria y otros cacería, o unos canciones y otros cansiones se afectaría la unidad de la lengua, uno de los atributos que la hacen plataforma confiable de millones de personas.

Hay muchas razones más que dominan y explican mejor los académicos que los aficionados. Tienen que ver con el espíritu, el modo de ser de una lengua y de un pueblo. Piensen que, por esa razón casi emotiva, la ñ se volvió una bandera cultural.

No hay duda de que la ortografía es difícil, caprichosa y veleidosa para algunos. Pero hay más cosas en la historia y en la vida difíciles, caprichosas y veleidosas. Cierto es que establece diferencias educativas y perjudica al que no ha podido instruirse. Pero, a pesar de sus caprichos, la ortografía tiene mucho de lógica. El asunto es encontrársela.


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