Las dos películas de Hollywood más controversiales de la última década han tenido un fuerte contenido religioso y han logrado un desempeño económico envidiable.
Mientras que La Pasión de Cristo (2004) fue catalogada por algunos sectores como antisemita, a El Código Da Vinci (2006) se le acusó de ir en contra del catolicismo.
A la primera se le recriminó que por su culpa habrían innumerables actos en contra de la comunidad judía y a la otra se le tradujo como la señal de que el mundo se iba a acabar.
Al final, nada tan grave pasó, pues cada producción demostró que lo suyo era fundamentalmente entretener y que su objetivo no era desequilibrar el orden público, ni muchos menos.
Es que ningún ambicioso ejecutivo de Hollywood quiere es dedicarle horas a ingeniarse cómo hacer actos perversos. Eso de criticar al sistema político o espiritual se lo dejan a las películas independientes que se proyectan en Toronto y Sundance.
Aunque la crítica miró con desdén a La Pasión de Cristo (50% le dio su apoyo) y con mayor intensidad a El Código Da Vinci (solo gustó al 24% de los expertos), las taquillas reventaron. La cinta dirigida por Mel Gibson costó 30 millones de dólares y recaudó 611.8 millones de dólares y el largometraje de Ron Howard tuvo un presupuesto de 125 millones de dólares y obtuvo 758.2 millones de dólares.
Ahora Howard retoma la capitanía de otra novela del escritor Dan Brown: Ángeles y demonios. Con este título vuelve Robert Langdon (Tom Hanks), profesor de simbología religiosa. Como ya hizo en El Código Da Vinci, este docente está en el Vaticano para evitar que fuerzas perversas (los Illuminati) hagan de las suyas.
Se espera que Ángeles y demonios sea uno de los grandes éxitos en Estados Unidos (se proyectará en más de 4 mil salas norteñas y en Panamá está hasta en la sopa), aunque los conocedores han dado su veredicto: le agradó solo al 54%.
A Kim Newman del Empire, le pareció “más entretenida que El Código Da Vinci, pero aun así es un sinsentido (...) Cada uno de sus personajes actúa como si fuera un idiota para mantener la acción de su trama”.
Deborah Young, de Hollywood Reporter, la calificó de “violento thriller ocultista que entrega lo prometido. Howard y su equipo han trabajado duro para que el regreso del profesor Robert Langdon sea un emocionante y rápido paseo por un parque de diversiones”.

