¿Pero de qué nos extrañamos? En todas sus obras, el militar nipón siempre hizo alusión de lo que algunos críticos catalogan como "violentas fantasías de juventud" (véase la novela Madame de Sade ).
En esta obra, el personaje central se llama Etsuko. Es viuda, solitaria, parca y rutinaria. El típico personaje con instintos ocultos.
¿Frustración? Es probable, pero Mishima jamás revela las causales de sus personajes, en su lugar prefiere describir sus hábitos como si estuviéramos espiando a través de unas de esas cerraduras antiguas.
La trama es el común triángulo amoroso, con un ligero twist como dicen los gringos.
Es así como encontramos a la frugal Etsuko, hospedada en la casa de los familiares de su esposo en el interior de Japón. La cosa se complica cuando Etsuko se involucra sexualmente con su suegro y se enamora de uno de los sirvientes.
El resto del argumento tiene todos los componentes de una telenovela latinoamericana: celos, traición, envidia, asesinato y psicosis.
