En Hollywood, la costumbre es que una película gire en torno a sus actores y eso ocurre desde la década de 1920.
En pocos casos, la atención recae en el director. Quentin Tarantino es uno de esos privilegiados cineastas que logran las miradas de todos cuando anuncia que tiene un nuevo regalo para sus admiradores, grupo en el cual tengo un puesto.
Regresa Tarantino en excelente forma con Bastardos sin gloria (2009), una película bélica sobre un hecho real, la Segunda Guerra Mundial, pero sin la menor intención de tener una fidelidad histórica, ya que la meta de su argumento es disfrutar cómo, cuándo y por qué los villanos (los nazis) se topan con unos soldados judíos entrenados para ser la pesadilla de esos malvados que hicieron tanto daño a la humanidad.
Como es de esperarse, esta cinta es una amalgama de géneros cinematográficos, pues va del drama a la comedia, de la aventura al cine de aventuras, pasando por el spaguetti western.
Es una producción violenta, entretenida, audaz, divertida, ocurrente, exagerada y genial como todas las películas firmadas por Tarantino.
Como es de esperarse, en Bastardos sin gloria Tarantino demuestra tener una cultura cinematográfica de enciclopedia, pues en sus escenas hay un sinúmero de homenajes (no copias) de colegas suyos a los que admira: Sergio Leone, Howard Hawks, Ernest Lubistch, Roger Corman, Brian de Palma, Martin Scorsese, y de seguro, otros más que se me escaparon durante la proyección.
Como ya es marca de la casa, esta historia sobre el dulce néctar de la venganza está fragmentada de principio a fin.
Ofrece una galería de personajes que uno no está claro si son principales o secundarios, ya que aparecen y desaparecen que es un contento y sus conflictos dramáticos se resuelven por completo o de forma parcial.
Además, como otra característica de Tarantino, maneja un uso de los diálogos de una forma excepcional.
Al 88% de los críticos del mundo le pareció excelente.
Mientras que en boletería ha recaudado 275 millones de dólares, una cifra elevada si se toma en cuenta que tuvo un presupuesto de 70 millones de dólares.
Tal éxito la convierte en el título de Tarantino más rentable, superando en ese aparte a la alabada Pulp Fiction (1994)
¿Supera Bastardos sin gloria a Pulp Fiction? No, pero está bastante cerca.

