Sitio Emberá. Un lugar escondido que lucha por conservar su riqueza natural y cultural; donde el hombre mezcla el ingenio y los recursos para crear su habitat; donde el niño aprende a trabajar antes que a jugar; donde la mujer aún obtiene de la madre naturaleza el alimento diario; donde la gente todavía sueña y vive sin esperar mucho más de lo que la vida le regala.
Luego de un recorrido de 25 kilómetros desde la ciudad capital hasta la comunidad de Nuevo México, en el corregimiento de Chilibre, te adentras ocho kilómetros más, pero ahora en carretera no asfaltada, donde precisas de un vehículo todo terreno. Llegas al Puerto del Corotú; allí abordas una piragua. Sobre ese madero de amarillo o espavé navegas por 30 minutos, apreciando la exuberante belleza del río Chagres, acompañado del espectáculo de su fauna y flora. Finalmente, después de ese regalo natural de lo exótico y lo relajante, llegas a la comunidad Emberá Drua que significa sitio emberá y que está ubicada dentro del Parque Nacional Chagres (entre las provincias de Panamá y Colón), parque que cuenta con una superficie de 135 mil hectáreas y que es protegido por la Autoridad Nacional del Ambiente.
Al son de su música típica, interpretada con instrumentos como la flauta, maracas y tambores, eres recibido por esta reserva indígena que tiene 25 años de existencia y que forma parte de las 19 comunidades que habitan el sector oriental de la cuenca del Canal de Panamá. Su población es de 84 personas; casi la mitad son niños.
Para los emberá drua, el turismo se ha convertido en su recurso económico desde los años 90. Poco a poco se han organizado para ofrecer a las personas tantos extranjeros como nacionales una experiencia inolvidable, sólo vista a través de postales y libros de estudios sociales.
Dentro de sus atractivos están sus danzas, realizadas por las mujeres; las caminatas guiadas, para la enseñanza de plantas medicinales; la exhibición de orquídeas y el saborear su comida típica: sea un sábalo, carpa o sargento recién pescados, acompañado de plátanos.
No puede faltar un paseo por Quebrada Bonita, donde apreciarás una espectacular cascada y para los que gustan de los deportes extremos pueden hacer rápidos en tubo mata perro, como lo llaman los indígenas. También pueden adquirir artesanías de madera, taguas y chaquiras cuyos diseños están inspirados en los animales.
Este encuentro no solo te presenta un espectáculo ecoturístico, sino que logras apreciar su vida cotidiana, sus tradiciones.
Mientras caminas por la pequeña comunidad, observarás cómo los varones construyen una vivienda, uniendo hojas de guagra para confeccionar el techo según explican les puede tomar como mínimo un mes para terminarlo.
A los niños los ves por todos lados, algunos participan ayudando en la llegada de los turistas, otros jugueteando y repartiendo sonrisas y también están los que deben cumplir con sus obligaciones educativas en la Escuela Emberá Drua, que es una escuelita multigrado donde una maestra imparte clases de primero, segundo, tercero y quinto grado en una sola aula.
Dentro de este ambiente de fantasía y del pasado, los emberá drua no son ajenos a los problemas de la actualidad, entre ellos la falta de un teléfono en la comunidad, ya que el único que poseen está dañado. La carretera que necesariamente deben utilizar para llegar hasta el puerto, el tramo de Nuevo México, está seriamente deteriorada, siendo esto negativo no solo para esta y las otras otras comunidades, sino también para el acceso de los turistas, que representan su fuente de ingreso. Otro aspecto desfavorable es la mala impresión que les causa a los extranjeros la gran cantidad de basura dejada a orillas de la carretera por los moradores de Nuevo México, hecho muy criticado por los visitantes. Este grupo indígena solo pide que las autoridades ayuden a resolver sus necesidades. Mientras, ellos continuarán transmitiendo algo de lo nuestro a los cientos de turistas que llegan a esta región ansiosos de vivir de cerca esta experiencia cultural.
