LA MUERTE DE VANESSA.

La fiesta de Paitilla que terminó en tragedia

La reconstrucción de un crimen que sacude a Panamá. Qué pasó en el piso 17 del Plaza Paitilla Inn.

La fiesta de Paitilla que terminó en tragedia
Autoridades encargadas identifican el cadáver de Vanessa Márquez.

La televisión repitió la noticia durante toda la mañana del viernes 4 de marzo: una mujer joven había sido encontrada muerta en las calles de Paitilla.

Grace Fawcett estaba mirando atenta las noticias, pero ni bien escuchó sobre esa muerte tomó el control remoto, apretó el botón rojo y apagó el aparato. Dice que no se puede explicar por qué hizo eso. Y menos por qué salió corriendo a la calle a buscar a sus hermanos: su hija Vanessa de 19 años no había regresado a dormir y los nervios la estaban matando. "Eso que me pasó a mí, debe ser lo que llaman instinto de madre".

Su hija había salido de su casa, en Juan Díaz, el jueves 3 de marzo a la 2:00 de la tarde. "Me voy a una fiesta mamá, me invitó una amiga. Vuelvo tarde", le dijo Vanessa a su madre, luego saludó a su pequeño hijo de cuatro años y partió. Contenta se la veía.

En eso pensaba Grace cuando acompañada llegó al Hospital Santo Tomás. Pensaba que los muertos eran llevados hacia allá. Pero les dijeron que no, que si el caso había salido en la televisión, lo más probable era que el cuerpo estuviese en la fiscalía.

Mientras Grace estaba viajando hacia ese abismo interior que solo conocen los padres que pierden un hijo, en la farmacia Arrocha de Calle 50 dos hombres se encontraban para hablar justamente de su hija Vanessa. Uno de ellos se llama Erick Bravo, entonces subdirector de la Policía Técnica Judicial. Hacía media hora había recibido un llamado de Jacky Zebede, un amigo con el que había crecido en Chiriquí que quería tener una charla confidencial con él. "Erick, vente a la oficina de Héctor Infante, en Calle 50, así hablamos", le dijo Zebede. Bravo aceptó la invitación, pero prefirió encontrarse en un lugar público y como tenía que comprar medicamentos propuso la farmacia.

De allí se dirigieron a las oficinas de Zebede, al lado del Mc Donald de Calle 50. Cuando Bravo escuchó la historia se quedó mudo.

Zebede le dijo que estaba muy preocupado porque la tarde anterior había estado en una fiesta en el Hotel Plaza Paitilla Inn con algunas amigas y amigos, y que había pasado algo malo y no sabía qué hacer.

"Yo me fui a las 9:00 de la noche. Se quedó Amael Acosta con tres amigas. Pero hoy a la mañana me llamó. Pasó "una cag...", me dijo. Entonces todos los que estábamos en la fiesta nos reunimos para escucharlo".

Acosta, según consta en la declaración que Bravo hizo ante la procuradora general de la Nación, Ana Matilde Gómez, dijo que cuando se quedó solo con las chicas, una de ellas, Vanessa, se alteró un poco y -mientras él estaba en un dormitorio- salió corriendo hacia el balcón. Acosta pensaba que la joven se había descompuesto y que había ido a vomitar. Sin embargo, como no regresaba, él y las otras dos chicas que quedaban en el cuarto fueron a ver. Según Acosta, Vanessa ya no estaba y desde el piso 17 del hotel la calle no se veía.

Acosta decidió ir con una de las chicas al bar El Piloto de Vía Porras. Se tomó una cerveza. Para relajarse. Después se fue a dormir.

"Erick, dime qué hago", le preguntó Zebede a Bravo luego de contarle los hechos.

El funcionario de la PTJ declaró haber respondido con simpleza: "Cuenta todo ante la división de homicidios. Si lo ocultas, tarde o temprano se va a saber la verdad. Además, esa división es de lo mejor que tenemos en la policía: tiene un grado de efectividad del 95%" le dijo. Pero el ahora ex subjefe de la policía lo tranquilizó. "Tú te fuiste temprano y si lo que dice Acosta es cierto, se trata de un suicidio".

A Zebede sobre todo le preocupaba que su nombre no se hiciera público. Por eso Bravo habló sobre la reserva de la identidad de los testigos. Las sospechas posteriores deslizaban que Bravo, desde su alto cargo en la policía, habría "manipulado" la investigación y por eso la Corte Suprema de Justicia aceptó que fuera separado de su cargo.

Cuando Grace Fawcett llegó a la morgue de la fiscalía, preguntó por la chica que habían encontrado en Paitilla. Su mente era un sinfín de confusión y miedo. La llevaron hacia un cuarto helado. Le señalaron un cuerpo. Un funcionario levantó la sábana que cubría el cuerpo, a la altura del rostro. Grace miró con timidez. No tuvo dudas. Era Vanessa.

La versión oficial hablaba de un accidente de tránsito. Ellos creían.

Ese mismo día, pero horas después de que la familia Fawcett reconociera el cuerpo de Vanessa, Zebede llamó a Bravo. "En los noticieros del mediodía dijeron que las causas de la muerte fue un atropello y que después tiraron el cadáver en un patio al lado del hotel".

Bravo no prestó atención a las contradicciones y se mantuvo firme. "De todos modos tienes que hacer la declaración". El sábado 5, a las 5:00 de la tarde, Acosta y Zebede prestaron declaración ante el inspector Rubén Feullibois.

El lunes la madre de Vanessa fue a reclamar el cuerpo de su hija. Le dijeron que no podía retirarlo. "Haremos una segunda autopsia. La primera nos dice que fue un accidente de tránsito, pero también hay otras heridas que no podemos explicar".

Finalmente le entregaron el cadáver el martes 8. Meses atrás, Vanessa, casi en chiste, le había dicho a su madre que si se moría, arrojara sus cenizas al mar. Nada le gustaba tanto a Vanessa como practicar surf. Por eso mismo su familia cremó su cuerpo el mismo martes y al otro día amigos y familiares viajaron a San Carlos para dejar volar las cenizas. Aún no encuentran qué decirle al hijo de cuatro años que dejó Vanessa. No saben cómo explicarle que su madre no volverá.


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