ROCIO GRIMALDO rgrimaldo@prensa.com Apenas lo ves, te llama la atención. Hay algo no sabes qué que desvía tus ojos hacia él en cada momento. No tiene apariencia de artista de cine ni cuerpo de luchador. No tiene ropa fina, ni siquiera está combinado. Es un tipo común y corriente. Pero a medida que transcurren los días, te gusta más y más. Para tus neuronas es un dios...!! ¿Qué te sucede? ¿Una locura momentánea?
Es la atracción sexual. Para algunos es difícil de explicar, pero casi todo el mundo conoce los síntomas.
Es un hormigueo en el estómago, un cosquilleo, un hilito de algo que te corre por el esófago, una boca que se seca, una risita sin sentido, somnolencia, dolor de cabeza hasta que no se satisfaga el deseo de estar con la persona causante de todos los síntomas antes descritos, resume el profesor Anthony Jim a modo de opinión.
La atracción sexual suele ser una reacción corporal involuntaria. El periodista Franco Rojas lo describe como una cosquilla espiritual, mental y hormonal, super maravillosa, trastornante, enloquecedora, agotadora, pero también regeneradora molecular y de práctica obligatoria.
Es algo de lo que se tiene poco control: o te atrae alguien o no. Es un sentimiento primitivo, una herencia de nuestros antepasados cavernícolas, una atracción animal, opina por su parte Erika Marrero.
¿Por qué me atrae una persona como un imán, como mosca a la miel, como una abeja hacia la flor?
La respuesta es: feromonas. Sustancias sin olor que el cuerpo segrega al ambiente y que al entrar por la nariz (donde hay neuronas) de otra persona, producen una reacción en la conducta reproductiva de esa persona.
La existencia de feromonas en insectos y animales fue descubierta hace más de 50 años, pero hace solo 17 años que se comprobó su existencia en las axilas de los humanos. En animales e insectos la función de las feromonas es atraer a parejas para aparearse y comunicarse en cuestiones de comida y territorio.
Fue en 1986 que George Preti y Winifred Cutler descubrieron que cuando se removía el sudor de las axilas de los varones, lo que quedaba eran sustancias sin olor que contenían feromonas, que a su vez eran segregadas al ambiente. Los investigadores demostraron que estas sustancias se podían extraer, guardar, y congelar por un año para luego usarlas para imitar algunos de los efectos encontrados en la naturaleza. Los hallazgos fueron publicados en la revista Hormones and Behavior .
Culter ahora tiene una institución llamada Athena Institute y ha creado una feromona sintética (llamada Athena) con la cual investigadores de la Universidad Estatal de San Francisco condujeron un estudio que corroboró los efectos de las feromonas en las interacciones hombre-mujer.
En el estudio participaron 36 mujeres entre los 19 y 48 años de edad, durante 14 semanas en el año 2000. Estas mujeres se aplicaban un perfume con feromonas debajo de sus narices, en sus mejillas y detrás de las orejas, en días alternados.
El 74% de las mujeres experimentaron un aumento en la frecuencia de actividades como: caricias/demostraciones de afecto/besos; relaciones sexuales; dormir al lado de un compañero romántico; y citas formales con hombres. Es decir, solo fueron afectadas las conductas íntimas que requerían de una pareja.
Además de atraer pareja, las feromonas de varones pueden hacer que sus compañeras sean más fertiles, tengan un ciclo menstrual de óptima duración (un promedio de 29.5 días) y una menopausia más leve.
Por su lado, la científica Martha McClintock brindó la primera prueba de que los humanos producen y responden a feromonas cuando encontró que las mujeres expuestas a las feromonas de otras mujeres (mediante el sudor) ya sea porque conviven o trabajan en un mismo lugar tuvieron menstruaciones sincronizadas.
