EMPRENDEDORES

Ducha de espumas nativas

Ducha de espumas nativas
Ana María de Linsay, de Jabonella.

Cuatro emprendedores cuentan cómo desarrollaron su pasión por los jabones. Son fundadores de un negocio que empieza a germinar, el de las espumas para baño con un sello panameño.

De forma empírica, los artesanos del jabón han investigado sobre propiedades, estados de la materia, botánica y hasta nociones de la energía para vitalizar sus compuestos hechos primero en las cocinas y luego llevados a producciones numerosas en talleres.

ALIADO DEL AMBIENTE

Fue en un viaje a Washington, Estados Unidos, al pasar por un mercadito al aire libre, cuando María Gabriela Lavergne se sintió atraída por las barras artesanales. Escuchaba la exposición de una chica que se dedicaba a seleccionar los minerales y vitaminas para agruparlas en barras jabonadas y así brindar beneficios a la piel sensible. “Yo puedo hacer eso”, se dijo para sí Lavergne, una especialista en mercadeo que buscaba hacer su vida lo más orgánica posible.

Había modificado su dieta, pero aún no encontraba cómo proteger su piel de los químicos. “Nunca nos ponemos a pensar, la piel es el órgano más grande del cuerpo humano y nos dedicamos a echarle todo tipo de productos con químicos que son absorbidos por los poros y llegan al interior de nuestro organismo”, argumenta.

Su filosofía es hacer jabones orgánicos y veganos de olor neutro, menos invasivos, con los cuales aliviar los problemas relacionados con la piel. Además de evitar la contaminación al ambiente al no usar químicos como colorantes o fragancias sintéticas.

Lavergne emprendió su misión en la cocina de su hogar. Su primer intento, bajo la marca Prisma Organics, fue crear una barra de arcilla verde, un material típico de los pozos termales como los de El Valle de Antón, con propiedades positivas por su capacidad limpiadora. Sin embargo, esta primera incursión no tuvo éxito, cree en parte por el color sucio de la barra, que no era atractivo a la vista. No se rindió. Continuó con otras pruebas que dieron por resultado cinco barras más: Shea, compuesta por karité y arcilla rosa, ideal para prevenir el envejecimiento; Charcoal, a base de carbón activado, ayuda a controlar el acné o funge como cicatrizante; Olive, ideal para hidratar y aliviar la psoriasis o alergias; Salt, hecha con sal de Himalaya, estimula la regeneración celular, la cual debe frotarse con especial cuidado ya que es considerada un exfoliante, y la de más reciente creación, la Beard+Shave, una barra pensada para los hombres barbudos que desean cuidar y refrescar su rostro tras cada lavada.

A pesar de que gran parte de los ingredientes que usa esta joven artesana debe pedirlos en el exterior, todo el trabajo de consolidar las barras las hace ella misma en un proceso puramente manual.

MIL Y UNA FORMAS

Ana María de Lindsay se ahogaba en papeles en su oficina cuando tomó el camino alterno de la confección de jabones artesanales. Cansada de ver los lotes de jabones en las estanterías del supermercado siempre en la misma forma rectangular o de bordes redondeados-, se puso creativa y comenzó a jugar con la pasta de glicerina como si se tratara de una masilla en jardín de infancia. “Un jabón industrial es como un huevo sin sal, un beso sin pasión o un mar sin agua”, aduce, y ante ello hace lo contrario. Por su laboratorio han pasado jabones convertidos en paletas, cupcakes, flores, peces, vestidos de novia y representaciones de dibujos animados, entre otros.

De Linsay es de origen hondureño, casada con un panameño, y lleva 15 años de vivir en el país. A su marca la llamó Jabonella.

Muchas de sus presentaciones en glicerina (de consistencia transparente) o lo saponificados (barras de consistencia colorida) son convertidos en centros de mesas en fiestas, o repartidos entre invitados como recuerdos en cumpleaños o despedidas de solteras.

Además de su extenso portafolio de creaciones en jabón, con una habilidad muy parecida a la de una pastelera de fondant, su pasión por ayudar la dirigió hacia comunidades vulnerables en donde enseña su técnica a mujeres para que también puedan hacer sus emprendimientos y generar ingresos propios. En dos años ha dictado una treintena de sesiones de capacitación en comunidades de la cuenca del Canal y en la provincia de Coclé.

En estos talleres les indica a las amas de casa que el aceite de cocina usado no debe botarse, sino que se puede reciclar para emplearse en el proceso de elaboración del jabón casero.

Las barras de Jabonella suelen tener olores entre los que destacan el cacao, la miel de abeja con avena, zanahoria, áloe vera, agua de rosas, lavanda y de aceites esenciales de naranja y menta.

EVOLUCIÓN

La Esquina del Jabón fue el concepto desarrollado por Emely Chiari para su emprendimiento de ricos olores frutales impregnados a las barras de jabón. Recientemente su creadora decidió imprimirle su sello personal, Emely’s Naturals, a la producción de 14 variedades de jabón, a base de papaya, lavanda, chocolate, y las combinaciones de aguacate con romero, chocolate con menta, eucalipto con limón, leche y avena más miel y manzanilla con caléndula, entre otras.

En la línea ha desarrollado además, jabones exclusivos para la limpieza profunda del rostro (carbón activado + karité y arcilla rosada y karité), así como exfoliantes, bálsamos labiales, desmaquillantes, aceites y cremas corporales.

Chiari, quien se había dedicado a negocios relacionados con el turismo, desde hace cinco años es una apasionada de los productos para el cuidado facial y corporal, así como una defensora de los “ingredientes suaves, que limpien sin maltratar y no resequen la piel”.

Los productos son empacados con materiales biodegradables para ser fieles a su misión orgánica; las etiquetas están impresas con tintas ecológicas y el papel para envolturas ha sido reciclado.

LA GRANJA

Aunque en la superficie de las barras Amazilia, fundada en 2015, se dibuja un búho, su principal beneficio lo aporta la leche de la cabra del que está compuesto el jabón.

Amazilia es la marca creada por una joven pareja, Melissa Parizeault-Pop y Jean Carlos Mojica, cuyo trabajo de tesis en conjunto para la Universidad Tecnológica de Panamá, entre 2012 y 2013, se convirtió en un estilo de vida para ambos.

Los jóvenes se instalaron en una finca en Santiago de Veraguas para poder criar un rebaño de cabras, ordeñarlas y hacer con su leche jabones nutritivos. Les interesaba resaltar el uso de ingredientes locales de origen agrícola. En su estantería de productos orgánicos y autosostenibles se ofrecen la barras a base de leche cabra y aceites esenciales, beneficiosa para pieles sensibles.

Otros ingredientes son de avena/miel, café/chai, hierbabuena, albahaca, eucalipto y romero, un proceso de confección que dura hasta siete semanas para dar con el resultado óptimo concentrado en una barra consistente.


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