Un hombre entra en una tienda de arte callejero berlinesa en busca de pintura en aerosol para una emergencia: tapar una esvástica.
“No tenía pinta de ser un artista callejero, por eso le pregunté qué iba a hacer con ella y me contestó que era para cubrir una cruz gamada que había visto en un área de juegos”, explica a la AFP Ibo Omari, el propietario del establecimiento.
Entonces este berlinés de origen libanés llamó a unos amigos y jóvenes del barrio para lanzar una contraofensiva y se convirtió en monitor del movimiento Paintback.
“Nos impactó mucho que alguien pudiera hacer algo así (pintar una esvástica), sobre todo aquí en Schöneberg”, un barrio aburguesado, familiar y mixto del oeste de Berlín, recuerda.
“Reflexionamos bastante sobre qué podíamos hacer frente a este tipo de acto abyecto y nos dijimos que íbamos a responder con humor y amor”. Así arrancó en 2016 la campaña para transformar con malicia estos grafitis neonazis.
“Elegimos dibujos bonitos y un poco provocadores, la mayor parte de ellos hechos por adolescentes, así cualquiera, aunque no sea un profesional, puede reproducirlo”, cuenta de la solución Ibo Omari.