Una noche en 2007, al volar sobre el río Magdalena, en Colombia, “al contemplar el cielo lleno de estrellas”, recuerda Ibu Alvarado, sintió que “debía compartir por escrito mis experiencias”.
Por eso, escribió el libro Pasión por volar, que se presentará el 30 de noviembre, a las 6:30 p.m., en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero Reyes (parque Omar).
Pasión por volar lo define como “un compendio de aventuras, historia personal, y mis vivencias como piloto, pasajero y observador en el entorno de la aviación”.
Son memorias de sus vivencias volando por los cielos de las Américas, que además “incluye etapas de la historia de la aviación panameña”. Está escrita en un lenguaje “sencillo y conversado para todo público, especialmente para las personas que disfrutan de los relatos”.
MOMENTOS
Debido a lo apartado que era la región bocatoreña en su infancia, “viajar en avión era cosa común. Mi memoria más vívida es a los 5 años cuando viajé con mi mamá desde Sixaola, en la frontera tico-panameña a San José, Costa Rica, vía Puerto Limón”.
Aquel primer recuerdo está marcado por “dos incidentes anómalos. En la primera etapa del viaje, en un pequeño avión monomotor, nos encontramos en una tormenta que nos obligó a aterrizar en un potrero; y en la segunda etapa, de Limón a San José, en un avión DC-3, un fallo de un motor obligó al piloto descontinuar la operación en plena carrera de despegue”.

Ambos hechos, en vez de despertar temor en el joven Ibu Alvarado, le llevaron a tomar una decisión. “La ejecución precisa y oportuna por parte de los dos pilotos ante estas dos distintas situaciones, me impresionaron de tal manera que selló mi deseo de volar”, plantea quien antes de él nadie en su familia había estado vinculado a la aviación.
En 1969, cuando laboraba en la finca de su familia en Changuinola, compró una avioneta “por la gran suma de $2 mil 100 sin saber aún volar.
Entre un vecino suyo y un piloto que cada semana “venía a fumigar los bananales a la finca, adquirí mis primeras prácticas que me prepararon para volar el avión solo. Alucinante es como describiría volar solo por la primera vez. Da una sensación de destreza, de maestría sobre el espacio y tiempo y sobre la vida misma”.
Desde ese primer momento que voló solo, ha transcurrido casi medio siglo. “La aviación adquirió un compromiso que aún se mantiene, a pesar de otras obligaciones profesionales, tal como se describen en Pasión por volar”.
Las rutas nacionales más frecuentes en su labor incluían casi todo Panamá, aunque su parte preferida era el cruce entre Changuinola y David.
“Como de niño solía observar los aviones al ir ascendiendo para cruzar la cordillera hacia David, y ya de piloto, volar esa ruta me complacía al máximo. Cuando volaba por Centro y Suramérica a destinos exóticos y apartados, estos vuelos cumplieron toda expectativa”, rememora.
