El presidente de Filipinas, Benigno Aquino III, aprobó ayer un cese al fuego con los rebeldes comunistas durante la Navidad y el Año Nuevo en un tradicional gesto de buena voluntad.
Las tropas del gobierno recibieron la orden de suspender las operaciones ofensivas y devolver disparos solo en defensa propia.
Los rebeldes suelen responder con su propio alto al fuego. Ellos han estado luchando por un estado marxista durante décadas a pesar de que cada vez son menos. El Nuevo Ejército Popular rebelde intensificó recientemente los ataques contra las compañías mineras extranjeras, a las que acusa de explotar los recursos y trabajadores locales.
El gobierno acusa a los rebeldes de extorsionar a las empresas. Unas maratónicas conversaciones de paz negociadas por Noruega se han estancado por las demandas de los rebeldes para la liberación de guerrilleros presos. Mientras, un hombre murió y otras dos personas resultaron heridas ayer tras la detonación de un explosivo de fabricación casera.