La Armada rusa y los familiares de los 118 oficiales y marineros muertos en la tragedia del submarino nuclear Kursk rememoraron ayer, en diferentes rincones del país, el naufragio en su séptimo aniversario.
"Eterna memoria para los tripulantes del submarino ruso fallecidos en puestos de combate", rezaba el mensaje leído por un oficial de la Armada en un acto celebrado en el puerto de Murmansk (en el mar de Bárents).
En el muelle del puerto del que zarpó el Kursk, el 10 de agosto de 2000, oficiales y tripulantes de submarinos atómicos guardaron un minuto de silencio cronometrado por uno de los marineros.
El Kursk, el orgullo de la Armada rusa y equipado con 24 misiles de crucero Granit, era considerado indestructible por los marinos rusos.
Siete años después de la tragedia, muchos de los familiares de los marinos muertos aún no se dan por satisfechos con las explicaciones del fiscal general, Vladimir Ustinov, que escribió un libro con la versión oficial de la tragedia titulado: Kursk.
Como se supo después, la cúpula militar ocultó las dimensiones reales de la catástrofe y declinó los ofrecimientos de otros países para rescatar a la veintena de tripulantes del sumergible que no murieron en un primer momento a causa de la explosión.
En todas las bases y buques de guerra de la flota rusa en todo el mundo se guardó ayer un minuto de silencio y se arrió la bandera de San Andrés, símbolo de la Armada.
En la localidad de Kursk, de donde tomó su nombre el sumergible, familiares y militares depositaron flores en el memorial a los fallecidos el 12 de agosto de 2000, tras una explosión en la cámara de torpedos del submarino.
