Michelle Bachelet asumió ayer la presidencia de Chile con la promesa de cambiar el rostro de uno de los países con peor distribución de la riqueza en América Latina.
La médica, de 62 años de edad, quien retoma el liderazgo de la centro izquierda tras el gobierno del conservador Sebastián Piñera, se convirtió ayer en la primera mandataria en gobernar por segunda vez en Chile desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet.
“Sí, prometo”, dijo con voz firme cuando la máxima autoridad del Senado, Isabel Allende Bussi –hija del derrocado exgobernante Salvador Allende–, le tomó juramento en el Congreso para ser investida oficialmente como presidenta de Chile por los próximos cuatro años.
Bachelet recibió el Gobierno del mayor productor mundial de cobre de manos de Piñera, quien abandonó la presidencia con una aprobación de 50% y que después de entregar el mando se retiró del Congreso en la ciudad portuaria de Valparaíso entre aplausos y manejando su propio carro.
Bachelet vuelve al Palacio de La Moneda tras un aplastante triunfo electoral en diciembre pasado, después de haber gobernado entre 2006 y 2010, cuando se convirtió en la primera mujer en tomar las riendas del país.
Los nuevos miembros del Congreso brindaron juramento ayer antes del cambio de mando, mientras que el nuevo Gabinete lo hizo después de la toma de poder.
La mandataria ha prometido aumentar los impuestos a las empresas para financiar una reforma educacional y busca cambiar la Constitución heredada de la dictadura, junto con mejoras a la salud, entre otros desafíos.
Ahora enfrenta una apretada agenda que incluye un paquete de 50 medidas a lanzar en los primeros 100 días de su gobierno.
“Tenemos un programa ambicioso. Estaremos desde ahora mismo trabajando y (...) el principal objetivo será retomar una senda de dinamismo en la economía”, dijo el ministro de Hacienda, Alberto Arenas.
El Gabinete se reúne hoy.