En la fotografía desgarradora que sobre Colombia y su familia ofrece el escritor colombiano Fernando Vallejo en su novela El Desbarrancadero, hay una escena que trae a colación un tema que es tabú para casi todas las sociedades, pero que ahora se discute en este país: la eutanasia.
El protagonista –el mismo Vallejo– a través de la inyección "eutanal" ayuda a morir a su padre que padece una enfermedad sin remedio.
La eutanasia no solo suena en la ficción. El rumor de que al papa Juan Pablo II se le pudo haber aplicado una eutanasia, que lo aliviara del dolor en sus últimos minutos de vida, puso nuevamente en boca del mundo este controversial tema que es satanizado por la Iglesia católica.
En Colombia también se ha hablado de la eutanasia por estos días. Más que por la sospecha de una eutanasia papal o porque se recuerde la metáfora de Vallejo o la película Mar Adentro, en la que Javier Bardem encarna magistralmente a Ramón Sampedro, un tetrapléjico español que por tres décadas esperó la eutanasia; el asunto ha vuelto a tocarse por el interés que hay en el Senado de la República de reglamentar la eutanasia, práctica que es permitida en este país desde hace 10 años.
Colombia es el único país de América Latina y de los pocos en el mundo, junto a Bélgica, Holanda, Suiza y el estado de Oregon, en Estados Unidos, donde es permitida la eutanasia a través de sus formas, pasiva o activa.
En 1997, la Corte Constitucional aprobó que un médico ayude a morir a un paciente –con su consentimiento– si sufre de intensos sufrimientos.
El fallo garantiza que el médico no irá a la cárcel por apoyar ese suicidio asistido. Pese a que ha transcurrido una década desde el histórico fallo, que es reprochado por la Iglesia católica colombiana, la práctica de la eutanasia no ha sido reglamentada.
Y es que su reglamentación no es un tema fácil. En 2005, el congresista Armando Benedetti intentó someterla a debate, pero sin éxito.
Este año, Benedetti y su colega en el Congreso, Gina Parody, vuelven a intentarlo, para que la eutanasia se practique en el país sin ningún control.
El ministro de Protección Social, Diego Palacio, ve con buenos ojos la discusión del tema en el Parlamento. Palacio ha dicho que no se debe ocultar y que debe enfrentarse con "argumentos técnicos y éticos".
Pero, a pesar de que se permite, en Colombia no existen estadísticas de cuántas eutanasias se practican cada año, aunque se considera que la mayoría de los casos se registran entre familias de estratos altos o intelectuales, con mayor información acerca del tema.
Gustavo Quintana es un médico general conocido en Bogotá por las asesorías que presta para la realización de eutanasias. Lejos de ser un personaje sombrío que viste de negro, con instintos necrófilos que le rinde culto a la muerte, Quintana es un hombre vital. A sus 61 años, aprovecha sus ratos libres para practicar ciclismo, caminar, nadar o simplemente meditar.
En la actualidad, este médico que atiende cualquier tipo de dolencias, recibe al mes cerca de tres consultas para eutanasia, de las cuales probablemente una, se llevará a cabo.
Cuando le toca poner fin a una vida, medita por 24 horas. "No es fácil realizar una eutanasia", dice el médico que tiene la voz tan suave como la de un poeta lírico, y agrega: "la muerte es parte de la vida, y si queremos darle calidad a la vida también debemos darle calidad a la muerte".

