La Corte Internacional de Justicia, CIJ, de La Haya, resolvió de forma salomónica la disputa entre Colombia y Nicaragua. Por un lado, cedió a Colombia la soberanía sobre las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y por otro, desconoció la actual frontera marítima, por lo que llamó a ambos países a ponerse de acuerdo y definir los límites marítimos, decisión que favorece a Nicaragua.
La CIJ consideró que el tratado Esguerra-Bárcenas de 1928, en el que se reconoce la soberanía de Colombia sobre las islas, es legítimo, "por tanto, el tribunal no puede ser competente en este punto".
El Gobierno colombiano argumentaba que esa Corte no era competente para dirimir algo que ya estaba claro. Sin embargo, la CIJ se declaró competente para resolver el diferendo "relativo a la soberanía de las otras formaciones marítimas reivindicadas por las partes y sobre el diferendo relativo a la delimitación marítima entre dichas partes".
Ayer, Colombia celebró la primera parte de la sentencia. "En efecto, Nicaragua sufre un revés fundamental en su posición ya que siempre pretendió que el archipiélago de San Andrés le pertenecía", dijo el pronunciamiento oficial del Gobierno colombiano.
Nicaragua había desconocido el tratado, "primero, durante el gobierno del dictador Somoza y posteriormente con el triunfo de la revolución sandinista cuando –dando un paso más allá– pretendió desconocer y denunciar el tratado", detalló Araújo.
Sin embargo, la segunda parte de la sentencia dejó un mal sabor entre los colombianos. El ex presidente Ernesto Samper dijo a las emisoras locales que "la sentencia dejaba un sabor agridulce".
En San Andrés, algunos isleños, como el gobernador Álvaro Archibol, celebraron la decisión de mantenerse bajo la jurisdicción colombiana, pero pobladores, como Delvina Down, que pertenece al grupo de los pobladores autóctonos, conocidos como los raizales, no estaba de acuerdo con el fallo.
"No me siento colombiana, pero tampoco nicaragüense, soy sanandresana", afirmó la mujer.

