CALI, Colombia (AFP). Miles de colombianos sepultaron este martes en la catedral de Cali (suroeste) a su apóstol de la paz, monseñor Isaías Duarte, el arzobispo asesinado por sicarios la noche del pasado sábado, en una ceremonia en que el presidente Andrés Pastrana fue ampliamente abucheado.
Una multitud, de más de 20 mil personas, se apostó desde temprano en la Plaza Caycedo, frente a la catedral de San Pedro, para dar un último adiós al arzobispo de Cali, en un funeral celebrado bajo estrictas medidas de seguridad y con la presencia de líderes políticos y autoridades de la iglesia católica.
Una gigantesca pancarta, con la fotografía del arzobispo asesinado, fue desplegada en la fachada de la catedral de San Pedro. Su rostro, de mirada serena, pero firme, era coronado por la leyenda: Apóstol de la paz.
El cardenal primado de Colombia y arzobispo de Bogotá, monseñor Pedro Rubiano, ofició en la plaza la misa campal, que inició a eso de las 11:15 locales (16:15 GMT) y a la que también asistieron el nuncio apostólico en Colombia, monseñor Beniamino Stella, en representación del Papa Juan Pablo II, así como 70 obispos colombianos y extranjeros.
Claveles y banderas blancas sobresalían entre rostros afligidos de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, que con devoción esperaron por horas el inicio de la ceremonia, pese a la lluvia persistente que cayó en las primeras horas de la mañana y que hacia el inicio del funeral ya había dado paso a los primeros rayos del sol.
Somos hermanos, ¿por qué nos matamos?, se leía en una de la pancartas que portaba uno de los feligreses en la misa. Una pregunta que muchas veces se han hecho los habitantes de este país sumido en un conflicto de casi 40 años.
Una anciana, vestida de blanco, como muchos, no se olvidó tampoco de llevar un mensaje, de escritura improvisada, en un último adiós al arzobispo: Desapareciste de la faz de la tierra, pero vivirán en nosotros tu imagen y tus hechos.
La sensación general de dolor se transformó en rabia cuando Pastrana hizo un llamado a un minuto de silencio, petición que fue recibida con una fuerte silbatina que continuó durante los cinco minutos que duró el discurso presidencial.
De voz franca y firme para denunciar la violencia que sufre Colombia, monseñor Duarte fue un duro crítico de la guerrilla y los narcotraficantes, y las autoridades investigaban si estaba en la mira de estos grupos, aunque los rebeldes negaron el lunes la autoría del crimen.
A sus 63 años, Duarte fue baleado el sábado pasado en Cali (suroeste) cuando se encontraba en compañía de un sacerdote y de su conductor a la salida de la iglesia de un barrio popular tras oficiar una misa en que casó a 140 personas.

