"Nos hundimos", se quejó desesperado el ministro del Exterior de Chipre, Giorgos Lillikas, ante la imparable llegada de refugiados desde Líbano. El Gobierno chipriota estima que en menos de una semana llegaron a la pequeña isla mediterránea 20 mil extranjeros que escapaban de las bombas israelíes. El número podría aumentar a 70 mil, y ello en medio de la temporada turística.
Chipre hizo un llamado a la Unión Europea, de la que es miembro, para recibir aviones adicionales, y Bruselas evalúa cómo incrementar los medios de transporte para los refugiados. El sitio que se ha convertido en la plataforma de la masiva evacuación, quiere seguir siendo un país de tránsito y evitar a toda costa la permanencia de refugiados en su territorio.
PESADILLA LOGÍSTICA
En efecto, la mayoría abandonó la isla poco después de llegar. Para las autoridades chipriotas, la ola de refugiados es una pesadilla logística. Barcos, buques de guerra y cruceros llegan sin parar a Larnaca y Limassol con evacuados europeos, estadounidenses y de otras nacionalidades.
La capacidad del aeropuerto de Larnaca se encuentra agotada. Los aviones dan vueltas en la cola de espera para depositar más refugiados y regresar a otros a sus países. En las salas de llegada y de partida se mezclan despreocupados turistas con personas que quizá hayan escapado de la muerte.
"La gente muere en el Líbano. Es una experiencia aterradora", dijo al periódico The Cyprus Weekly la estadounidense Gloria Mansouraty, de 56 años, que planeaba unas vacaciones en el Líbano junto a su hijo. Ahora ocupan, con otros cientos de personas, un centro de acogida en el corazón de Nicosia, donde Estados Unidos alquiló temporalmente el centro estatal de exposiciones. En un mar de catres color naranja y mantas del ejército, los niños se divierten con juguetes regalados o miran dibujos animados en la televisión.
"Podíamos escuchar a los aviones de combate sobre nosotros y simplemente rezábamos por favor, por favor, que no las tiren aquí", cuenta Catherine Saihed, de 18 años, que solo ansía volver a la comodidad de su casa y su ducha después de esta odisea. "Aquí hacen todo lo que pueden, pero con 500 personas en un mismo salón realmente no es placentero", confirma Hala Hakim, de 33 años y madre de dos niños.
ESCUELAS REFUGIO
También 25 escuelas de Limassol y Larnaca fueron convertidas en centros de acogida. Otros refugiados se quedan en hoteles. Según el embajador estadounidense en Chipre, Ronald Schlicher, hasta ahora fueron evacuados 5 mil 700 ciudadanos de su país a través de Chipre.
Países asiáticos como India, pero también México y Rusia, tienen muchos compatriotas trabajando en el Líbano y solicitaron ayuda a las autoridades para facilitar su regreso.
"Estamos ante un dilema", dijo el ministro del Exterior Lillikas: "Decidir si seguimos dando ayuda humanitaria con los medios de que disponemos o si detenemos la evacuación de no europeos por Chipre".




