Uno de los más temidos paramilitares colombianos, que confesó su responsabilidad en más de 3 mil asesinatos, podría quedar en libertad dentro de poco tras pagar ocho años de condena.
Jorge Iván Laverde, alias El Iguano, jefe de un extinto bloque de las Autodefensas Unidas de Colombia, confesó a las autoridades cómo cumplió las órdenes de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso de acabar con todo lo que oliera a guerrilla y posicionarse en la zona con dirigentes políticos allegados a esta organización de ultraderecha.
Operaba en el Catatumbo, en la frontera con Venezuela, y fuera de ordenar y participar en el asesinato de decenas de militantes de izquierda, organizó una llamada “limpieza social” que acabó con la vida de cientos de supuestos ladrones, atracadores y expendedores de drogas.
Laverde se ingenió una particular forma de desaparecer los cadáveres: los quemaba en hornos artesanales. “Los cuerpos se enterraban y a los seis meses se sacaban los restos y se incineraban”, confesó a las autoridades uno de sus subalternos, Armando Rafael Mejía, alias Hernán. “Yo no me ponía a mirar [las incineraciones] porque eso es duro”.
En total, según la Fiscalía, 400 paramilitares saldrían de prisión este año por pena cumplida y por delitos por los que se pagaría hasta cinco veces el tiempo de condena si se les aplicara la legislación penal sin ninguna consideración.
Activistas de derechos humanos dicen que las liberaciones, que empezarían este mes, son prematuras y peligrosas en un país que está negociando un proceso de paz en Cuba con las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
También dicen que los fiscales le fallaron al país al no investigar con rigor la totalidad de los crímenes de los paramilitares y garantizar que se pagara una cifra justa como reparación a sus víctimas, como lo estipula la ley.